La temperatura ambiente afecta tanto en el periodo de ejecución como durante la vida útil del edificio. Puede provocar cambios en el proceso de fraguado y endurecimiento del hormigón e incidir en los materiales y elementos que conforman las edificaciones. La variación térmica provoca efectos de movimiento en la estructura y en los elementos secundarios, quedando sometidos a dilataciones y contracciones. La función de las juntas de dilatación es precisamente evitar dichos esfuerzos, al igual que las juntas de contracción, cuya misión es evitar las fisuras en el proceso de fraguado debido a la variación de temperatura.
CONDICIONANTES:
Existen una serie de condicionantes que por lo general pueden influir en las características de los materiales y elementos frente al gradiente térmico.
ORIGEN:
El origen de las lesiones en los elementos constructivos de deben a una serie de causan, entre las que enumeramos las siguientes:
DAÑOS OCASIONADOS:
A continuación explicamos las lesiones más comunes causadas por la variación térmica, ya sea por dilatación del hormigón o durante el fraguad de mismo.
Fisuras
La rotura de los muros que son traspasados por las tuberías de ACS si no disponen de junta.
Deterioro y rotura de los elementos tales como solados, orificios de anclaje de hormigón, canalones y bajantes, módulos cerámicos, etc. (por la acción del agua al congelarse). En las cubiertas se deterioran las láminas impermeabilizantes, provocando reblandecimiento, descomposición de asfaltos…
Grietas de contracción, surgen paralelas y con una distancia de entre 0,3 y 1 metro, bastante profundas por la retracción plástica del hormigón.
Pandeo de elementos constructivos, abombamiento y desprendimientos. Por ejemplo en las fábricas de ladrillo es usual que en el encuentro de los forjados se produzcan desprendimientos de las plaquetas de los frentes de forjado.
En las sogas de los ladrillos puede producirse rotura por cizalladura y su desconchonamiento.
En la madera debido a los cambios bruscos de temperatura se abren fendas superficiales, lo que posibilita la manifestación de hongos y la penetración de humedad, amparando así el ataque de insectos xilófagos.
¿CÓMO PODEMOS PREVENIR LOS DAÑOS?
En proyecto y en ejecución se deberá elaborar un estudio adecuado y designar unas reglas de diseño para impedir los daños incitados por el efecto térmico. Algunas disposiciones importantes son:
– Tener en cuenta las juntas de dilatación o de contracción, su disposición según superficie, dimensionado y el análisis de materiales de sellado y relleno, de modo que absorban los movimientos.
La norma NBE AE-88 indica que la distancia entre juntas de dilatación en estructuras ordinarias de edificación, de acero laminado, o de hormigón armado no debe exceder de 40 m. Esta distancia suele aumentarse a 50 m si los pilares son de rigidez pequeña, y reducirse a 30 m si los pilares son de rigidez grande.
– El sellado será compresible e irá sobre un fondo de junta que también será elástico. El ancho y espesor de las juntas obedecerá al movimiento previsto y las características técnicas del sellante.
– Los pavimentos de hormigón, precisan armaduras de retracción.
– En el caso de fachadas de fábrica de ladrillo, dotarlas de un número suficiente de paños independientes que permitan el movimiento adecuado.
– Procurar un mantenimiento adecuado de las juntas. Estas precisan una inspección periódica para evitar su degradación y la entrada de elementos extraños. Es importante estar atentos de la durabilidad de los sellantes para planificar su sustitución.
– Es muy recomendable inclinarse por soluciones constructiva que sitúen el aislamiento térmico lo más exterior posible.