Peritajes & Peritos



En el ámbito del análisis documental tendemos a vincular el concepto de documento a manuscritos, cartas o archivos.

Sin embargo, buena parte de las obras de arte incorpora información escrita que, por sí misma, funciona como una fuente documental de gran valor histórico.

Con ocasión de una visita a la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, pude fotografiar dos pequeñas inscripciones que ejemplifican muy bien esta cuestión.


En el ángulo inferior izquierdo del retrato del Rey figura una leyenda breve:

CARLOS. II.

Se trata de una inscripción muy austera, redactada por completo en letras capitales romanas y separada mediante puntos. Su función no era ornamental, sino identificativa.

Resulta llamativo que bajo esta identificación se aprecie un "Carlos" anterior, más tenue y emborronado, lo que revela una sobreescritura. Surge así la pregunta de quién realizó ese retoque y quién volvió a escribir el nombre.

Es evidente que el valor de la obra no depende de este detalle —poco importaría si la anotación procede de un tercero o del propio pintor—, pero sí invita a reflexionar sobre la relevancia que puede tener la autoría de inscripciones o firmas presentes en los cuadros.

Bastante más interesante es la segunda inscripción, situada sobre una cartela pintada que simula un pergamino.

Puede leerse, en una transcripción aproximada:

Joannes Pantoja de la Cruz, Regiae Maiestatis Philippi III Camerarius eius Pictor, faciebat Vallaolid. 1609.

En pocas líneas, esta cartela concentra todos los elementos que hoy se recogerían en la ficha técnica de una obra:

  • autor;
  • cargo oficial del pintor;
  • monarca al que servía;
  • lugar de ejecución;
  • fecha.

Dicho de otro modo, la propia pintura contiene su certificado de autoría.

Sigue leyendo en ANÁLISIS DOCUMENTAL

Categoria

Documentoscópicos