La venta de una empresa puede permitir al propietario materializar el valor generado durante años de actividad, inversiones y desarrollo del negocio.
En el caso de las empresas industriales, la valoración puede resultar especialmente compleja, ya que una parte importante de su valor no se encuentra únicamente en sus activos físicos o en sus resultados financieros.
Instalaciones, procesos productivos, conocimientos técnicos, relaciones consolidadas con clientes y proveedores, tecnología o capacidad de producción son algunos de los elementos que deben considerarse al analizar cuánto vale una empresa industrial antes de una posible operación de compraventa.
En numerosos sectores, incluso una pequeña o mediana empresa industrial puede despertar el interés de diferentes compradores e inversores.
Las empresas dedicadas al mecanizado, metalistería, estampación, pintura industrial, electrónica, inyección de plástico, fabricación de componentes o montajes industriales, entre otras actividades, forman parte de cadenas productivas que abastecen a sectores como la construcción, la energía, la automoción, el packaging o la fabricación de maquinaria.
En muchos casos, estas compañías han desarrollado durante años activos y capacidades difíciles de reproducir desde cero, circunstancia que puede influir significativamente en su valoración.
Para determinar el valor de una compañía industrial conviene analizar tanto sus activos tangibles como aquellos elementos intangibles y operativos que condicionan su posición competitiva.
Entre los principales factores pueden encontrarse:
Todos estos elementos pueden tener incidencia en una valoración pericial de la empresa, especialmente cuando es necesario determinar su valor en el contexto de una operación corporativa.
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