Peritajes & Peritos

La venta de una empresa puede permitir al propietario materializar el valor generado durante años de actividad, inversiones y desarrollo del negocio.

En el caso de las empresas industriales, la valoración puede resultar especialmente compleja, ya que una parte importante de su valor no se encuentra únicamente en sus activos físicos o en sus resultados financieros.

Instalaciones, procesos productivos, conocimientos técnicos, relaciones consolidadas con clientes y proveedores, tecnología o capacidad de producción son algunos de los elementos que deben considerarse al analizar cuánto vale una empresa industrial antes de una posible operación de compraventa.


¿Por qué pueden resultar atractivas las empresas industriales?

En numerosos sectores, incluso una pequeña o mediana empresa industrial puede despertar el interés de diferentes compradores e inversores.

Las empresas dedicadas al mecanizado, metalistería, estampación, pintura industrial, electrónica, inyección de plástico, fabricación de componentes o montajes industriales, entre otras actividades, forman parte de cadenas productivas que abastecen a sectores como la construcción, la energía, la automoción, el packaging o la fabricación de maquinaria.

En muchos casos, estas compañías han desarrollado durante años activos y capacidades difíciles de reproducir desde cero, circunstancia que puede influir significativamente en su valoración.


Factores que aportan valor a una empresa industrial

Para determinar el valor de una compañía industrial conviene analizar tanto sus activos tangibles como aquellos elementos intangibles y operativos que condicionan su posición competitiva.

Entre los principales factores pueden encontrarse:

  • Productos propios, incluyendo diseños, tecnología, propiedad intelectual o conocimientos desarrollados internamente.
  • Capacidad productiva especializada, especialmente cuando resulta difícil o costoso reproducirla.
  • Know-how industrial y conocimiento técnico acumulado por los profesionales de la compañía.
  • Relaciones consolidadas con clientes, sobre todo cuando existe una participación recurrente en sus procesos productivos.
  • Integración en cadenas de suministro, mediante componentes, procesos o servicios relevantes para otros fabricantes.
  • Procesos de fabricación especializados que pueden constituir una barrera de entrada para nuevos competidores.
  • Certificaciones, homologaciones y estándares de calidad necesarios para operar con determinados clientes o sectores.
  • Capacidad de ingeniería, diseño y prototipado, así como fabricación conforme a especificaciones particulares.
  • Potencial de crecimiento y escalabilidad, mediante nuevos mercados, productos o incrementos de la capacidad productiva.

Todos estos elementos pueden tener incidencia en una valoración pericial de la empresa, especialmente cuando es necesario determinar su valor en el contexto de una operación corporativa.


Empresas sin producto propio que también generan valor

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