El maltrato psicológico constituye una de las modalidades de violencia más complejas de probar en sede judicial. A diferencia de la violencia física, no genera marcas visibles, si bien puede ocasionar consecuencias profundas y persistentes en el equilibrio mental y emocional de quien lo padece.
Acreditarlo ante un tribunal exige disponer de pruebas sólidas, plantear una estrategia procesal adecuada y, frecuentemente, contar con el respaldo de informes periciales especializados. En el presente artículo abordamos qué se entiende por maltrato psicológico, qué medios probatorios resultan admisibles en juicio y de qué forma puede acreditarse su existencia con plenas garantías legales.
El maltrato psicológico comprende un conjunto de conductas repetidas que ocasionan perjuicio emocional, menoscabo de la autoestima o alteraciones de carácter psicológico en quien las sufre. Puede manifestarse en distintos contextos:
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran:
Para que estas conductas adquieran relevancia tanto en el ámbito penal como civil, resulta necesario acreditar que son reiteradas, intencionadas y que generan un impacto real sobre la salud psicológica de la persona afectada.
Así es. Pese a su complejidad, el maltrato psicológico puede quedar demostrado ante la autoridad judicial siempre que se aporten elementos probatorios suficientes que acrediten:
El elemento determinante reside en combinar diferentes tipos de prueba, cobrando especial relevancia la prueba pericial de carácter psicológico.
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