Peritajes & Peritos

El psicólogo legal y forense Bernat Tiffon ha sido entrevistado recientemente en La Vanguardia, uno de los diarios de referencia en España, donde ha reflexionado sobre el papel de la psicología forense en el sistema judicial y sobre los límites éticos de la divulgación criminal. Con más de 25 años de trayectoria y cerca de una treintena de publicaciones especializadas, Tiffon es una de las voces más reconocidas en este ámbito en nuestro país.

Su presencia en el medio pone de relieve un debate cada vez más urgente: cómo trasladar el conocimiento forense al público general sin caer en el sensacionalismo que caracteriza buena parte del contenido sobre crímenes reales que circula hoy en medios y plataformas digitales.


El perito psicólogo: entre el expediente y el estrado

La figura del psicólogo forense interviene en procedimientos penales para aportar una valoración técnica sobre la conducta, el estado mental y la imputabilidad de las personas investigadas o acusadas. Su trabajo no consiste en opinar, sino en analizar: documentación clínica, entrevistas estructuradas, pruebas psicométricas validadas y contraste de fuentes son las herramientas habituales.

Un informe pericial psicológico puede resultar determinante en el desenlace de un proceso judicial. Establecer si una persona actuó con plena consciencia, si existía un trastorno mental relevante en el momento de los hechos o si concurren circunstancias atenuantes no es una cuestión de intuición. Es el resultado de una metodología rigurosa aplicada con criterio técnico.


Cuando la realidad supera la ficción

En la entrevista publicada en La Vanguardia, Tiffon afirma que "la realidad criminal supera muchas veces la ficción porque parte de hechos que nadie ha imaginado, sino que han ocurrido." Una afirmación que, lejos de buscar el impacto, apunta a algo que los profesionales del ámbito forense conocen bien: la conducta humana en situaciones límite raramente responde a esquemas simples.

Detrás de un hecho delictivo puede haber enfermedad mental no diagnosticada, consumo de sustancias, historial de violencia o trastornos de la personalidad. Con frecuencia, una combinación de varios de estos factores. Esa complejidad es precisamente lo que hace necesaria la pericia forense y lo que obliga a tratarla con responsabilidad.


Divulgación responsable frente a morbo

Tiffon defiende en La Vanguardia que explicar casos criminales desde la psicología tiene sentido únicamente si el enfoque es científico y el lenguaje, aséptico. El uso de terminología técnica, la anonimización de todas las personas implicadas y el respeto por las víctimas y sus familias son condiciones mínimas para que la divulgación aporte valor real en lugar de alimentar el impacto emocional.

No toda experiencia profesional merece ser publicada. Hay casos que, por su sensibilidad o por las circunstancias del procedimiento, exigen una prudencia especial. Saber dónde está ese límite es también parte del rigor profesional.


Peritos bajo presión mediática

Cuando un caso criminal adquiere relevancia pública, la presión sobre quienes intervienen pericialmente se multiplica. Las interpretaciones se acumulan antes de que existan pruebas, y la opinión publicada puede distorsionar la percepción del proceso. En ese contexto, el trabajo del psicólogo forense debe mantenerse anclado en los datos, la documentación y la evaluación técnica, al margen de la vorágine informativa.

Como recuerda Tiffon en La Vanguardia, "la presión mediática puede generar muchas interpretaciones, pero la justicia necesita evidencias." Una distinción que vale la pena recordar en un momento en que los crímenes reales se han convertido en contenido de consumo masivo.

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