Peritajes & Peritos

Agradezco la invitación del Presidente del Colegio de Calígrafos Públicos de la Ciudad de Buenos Aires y la asistencia de todos ustedes.

La ocasión me permite abordar un tema que, siendo necesario, genera cierta suspicacia: la comprensión holística del documento. Es decir, una visión global del escrito, porque la escritura no surge en el vacío.

Todo acto de escritura está condicionado por múltiples factores que interactúan entre sí: la personalidad del sujeto, su estado emocional, el propósito comunicativo y el contexto en que se produce, entre otros.

Escribir implica siempre una posición psicológica y relacional frente al otro. Incluso en textos aparentemente objetivos y técnicos, el sujeto deja rastros de su manera de percibir, interpretar y gestionar la realidad.


Tres disciplinas, una misma escritura

Tradicionalmente, distintas disciplinas han abordado la escritura desde perspectivas diferenciadas.

La grafología estudia la relación entre escritura y personalidad, analizando cómo determinados rasgos gráficos pueden vincularse con tendencias psicológicas o modos de comportamiento. Su interés se centra en elementos como la presión, el ritmo, la velocidad, la tensión, la ocupación del espacio o el grado de cohesión gráfica. Estos indicadores permiten observar la dinámica expresiva del sujeto, su nivel de control o impulsividad, su estabilidad o adaptación emocional.

La lingüística forense, por su parte, ha centrado su atención en la construcción del discurso producido en un contexto particular y significativo, analizando estrategias discursivas, intencionalidad, fenómenos de atribución de autoría, formas de cortesía, agresividad verbal o mecanismos de victimización.

La pericia caligráfica, finalmente, ha trabajado sobre la individualidad gráfica, estudiando los elementos que permiten identificar o excluir la autoría de un escrito o firma.

La propuesta de esta disertación consiste en integrar estas tres miradas para comprender la escritura como un fenómeno complejo, donde lo gráfico, lo lingüístico y lo psicológico se encuentran profundamente interrelacionados.

La escritura refleja cómo es su autor, cómo se siente, qué pretende comunicar, qué teme, qué intenta ocultar o enfatizar y, especialmente, cómo desea ser percibido por los demás. En este sentido, todo texto constituye una construcción identitaria y relacional.


Unidad y coherencia: el error de ignorar la lengua

Cuando en julio de 1998 me examiné de grafología en París, me enfrenté a documentos escritos en idiomas que no eran el español. Me dije entonces que eso no importaba, que me enfrentaba únicamente a la escritura. Me equivocaba.

Sí importa conocer la lengua. Importa para comprender qué palabras enfatiza el escritor, cuáles le generan rabia, miedo o evasión, y con cuáles se siente más cómodo.

Este planteamiento conecta con una concepción más profunda del ser humano, el ἄνθρωπος (ánthropos). Mi propia biografía intelectual está ligada a esa búsqueda: primero estudié filología clásica para comprender qué hay detrás de mi lengua; después me pregunté quién hay detrás de ella, y de ahí mi formación en grafología, pericia caligráfica, criminalística, criminología y filosofía.


La individualidad radical del ser humano

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