Dejar dinero a un amigo o familiar es un acto de confianza. Casi nunca hay nada por escrito, ni justificantes, ni fechas acordadas. Simplemente un "te lo devuelvo cuando pueda".
El problema llega cuando ese momento nunca termina de llegar. Entonces surgen las preguntas: ¿es posible reclamarlo legalmente?, ¿valen los mensajes de WhatsApp como prueba?, ¿tiene sentido contratar a un abogado?
La respuesta a todas es afirmativa. El dinero prestado puede reclamarse ante los tribunales incluso sin contrato firmado, aunque conviene entender bien cómo funciona el proceso.
Aunque se realice entre amigos o familiares sin ningún tipo de formalidad, este tipo de acuerdo está regulado por el Código Civil. La ley establece que cuando alguien entrega dinero a otra persona con obligación de devolverlo, existe un contrato de préstamo, independientemente de la relación personal entre las partes. El inconveniente es que la confianza suele llevar a no dejar rastro del acuerdo, lo que complica enormemente cualquier reclamación posterior.
Sí. Un contrato escrito facilita mucho las cosas, pero no es un requisito indispensable. Transferencias bancarias, Bizum, conversaciones de WhatsApp o correos electrónicos pueden servir como prueba. Si en una transferencia aparece el concepto "préstamo" o si el deudor reconoce en algún mensaje que debe devolver el dinero, esas evidencias tienen validez judicial.
Por ello, mientras el dinero no haya sido devuelto, es fundamental conservar todos los justificantes bancarios y no borrar ninguna conversación relacionada con el asunto.
Que la situación se complica algo más. Fijar un plazo concreto suele parecer innecesario cuando hay confianza, pero su ausencia genera conflictos con el tiempo. Legalmente, el acreedor puede exigir la devolución en cualquier momento, aunque antes de acudir a juicio se recomienda enviar un requerimiento formal de pago, que dejará constancia de la reclamación y resultará útil si finalmente hay demanda.
Primero, la vía amistosa
Antes de emprender acciones legales, siempre merece la pena intentar llegar a un acuerdo. En muchos casos, quien no devuelve el dinero lo hace porque atraviesa dificultades económicas reales, no por mala fe. Un acuerdo de pago aplazado puede evitar el juicio y, además, preservar en la medida de lo posible la relación personal.
Lo recomendable es dejar constancia escrita de las reclamaciones mediante mensajes donde se solicite la devolución y se fije un plazo. Si no hay respuesta, el siguiente paso es el burofax.
El burofax como herramienta de reclamación
Es uno de los recursos más habituales en estos casos. Permite enviar una comunicación con plena validez legal, acreditando el contenido, la fecha y la recepción. Aunque no es obligatorio antes de demandar, demuestra que se intentó resolver el asunto por las buenas y, en muchas ocasiones, basta con su envío para que el deudor reconsidere su postura.
"Era un regalo, no un préstamo"
Esta es una de las alegaciones más frecuentes cuando no existe documentación escrita. Por eso el tipo de pruebas disponibles marca una gran diferencia: no es lo mismo una transferencia con el concepto "préstamo" que una sin ninguna descripción. Los jueces valoran el conjunto de evidencias para determinar cuál era la intención real de las partes, por lo que los mensajes en los que el deudor reconoce la deuda resultan especialmente relevantes.
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