La fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica (EM/SFC) son patologías que pueden comprometer de forma severa la capacidad de trabajar. El dolor generalizado, el agotamiento extremo y las alteraciones cognitivas impiden, en muchos casos, desarrollar la actividad laboral con normalidad.
No obstante, lograr que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) reconozca una Incapacidad Permanente Absoluta (IPA) derivada de estas enfermedades no resulta sencillo en la mayoría de los casos. Dado que se trata de patologías cuyos síntomas son, en buena medida, subjetivos y fluctuantes, resulta esencial disponer de una base médica y pericial sólida.
En este artículo repasamos los requisitos que suelen tenerse en cuenta, las pruebas más relevantes y el papel que puede desempeñar un informe pericial médico.
La Incapacidad Permanente Absoluta es el grado de incapacidad reconocido cuando el trabajador presenta limitaciones de tal magnitud que le impiden desempeñar cualquier profesión u oficio con un mínimo de eficacia, continuidad y rendimiento.
Quien accede a este grado tiene derecho, con carácter general, a una pensión equivalente al 100 % de la base reguladora, sin perjuicio de las particularidades que establezca la normativa aplicable.
Es posible, aunque el reconocimiento no se produce de forma automática.
Ni la fibromialgia ni el síndrome de fatiga crónica generan, por sí mismos, una incapacidad permanente. Lo que se valora realmente es de qué modo estas enfermedades repercuten en la capacidad funcional de cada persona.
Por ello, dos pacientes con idéntico diagnóstico pueden obtener resoluciones distintas si el impacto sobre su vida laboral difiere.
El Equipo de Valoración de Incapacidades (EVI) examina múltiples aspectos antes de emitir su propuesta.
Entre los más relevantes se encuentran:
Lo decisivo no es el diagnóstico en sí, sino el grado de afectación funcional que produce.
Una de las causas más habituales de denegación es la insuficiencia de documentación médica.
Resulta recomendable aportar informes actualizados de las siguientes especialidades:
Cuanto más completa sea esta documentación clínica, más sencillo resultará acreditar la gravedad del cuadro.
Aunque no existe una prueba diagnóstica específica que confirme la fibromialgia, sí es posible aportar diversas evidencias médicas, entre ellas:
Resulta igualmente relevante acreditar que la enfermedad presenta una evolución prolongada en el tiempo y que los tratamientos seguidos no han logrado una mejoría suficiente.
El informe pericial médico constituye, con frecuencia, una de las pruebas de mayor peso en este tipo de procedimientos.
El perito médico no se limita a describir el diagnóstico, sino que su labor consiste en valorar de forma objetiva:
Asimismo, puede cuantificar la repercusión de la fibromialgia y la fatiga crónica sobre actividades tan básicas como:
Un informe pericial bien fundamentado puede resultar decisivo, tanto en la vía administrativa como en la judicial.
Es habitual que la fibromialgia y la fatiga crónica coexistan con otras patologías que agravan la situación del paciente, entre las que destacan:
La valoración debe abordarse de manera global, considerando el conjunto de patologías concurrentes y su repercusión combinada.
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